¡RECIBE [TU REGALO/OFERTA AQUÍ] PARA IMPULSAR TU BRILLO! HAZ CLIC AQUÍ

La enfermedad de la inmediatez

La enfermedad de la inmediatez
Si no te convenzo en dos segundos, te vas. Esa es la cultura en la que estamos atrapados. La cultura de la prisa, de la urgencia por lo instantáneo. Y aunque suene duro, es la enfermedad de nuestra época. No lo digo desde afuera, lo digo desde adentro, porque yo también me dejé contagiar. Más de una vez solté proyectos porque no me daban resultados inmediatos. Dejé amistades porque pedían más tiempo del que yo estaba dispuesta a dar. Cerré puertas en trabajos porque no se abrieron al primer intento. Y lo que más me duele aceptar es que esas oportunidades perdidas no fue culpa del destino, fue culpa de mi inmediatez. De quererlo todo rápido, de frustrarme cuando no salía, de abandonar cuando el proceso pedía paciencia. Con los años entendí algo que parece obvio, pero que no queremos aceptar: nada valioso sucede rápido. Lo aprendí observando la naturaleza. Ningún árbol da frutos en una semana. Un río no abre su cauce en un día. Todo lo real se construye en el tiempo, en la espera, en la repetición. Y cada vez que yo quise forzar ese reloj, la vida me pasó factura. Lo trágico es que ahora todo nos empuja hacia lo contrario. Los reels, los algoritmos, la inteligencia artificial. Si un video no atrapa en los primeros tres segundos, lo descartamos. Si un texto exige leer más de dos párrafos, lo dejamos. Si una clase demanda atención completa, apagamos la cámara. Vivimos entrenados a huir de todo lo que no sea inmediato. Y lo peor es que hasta la IA funciona con ese patrón: si no le dices todo rápido y claro, te descarta, te desliza. Lo confieso, a mí me pasa contigo mismo: si no soy concreta, me respondes a medias. Y ahí me doy cuenta de que la trampa está en todas partes. Mi contenido no se viraliza porque no entro en ese juego. Porque no voy a darte humo en un minuto para atraparte. Porque no me interesa inventar trucos baratos de tres pasos que suenan lindos, pero no sirven para nada. Sí, la inmediatez vende. Pero también vacía. Prefiero perder vistas antes que vaciarte con mentiras. Prefiero sostener a cien personas que creen en los procesos, antes que entretener a un millón que se va corriendo al siguiente video. Lo preocupante es que esta urgencia no solo afecta la forma en que consumimos contenido. Se está metiendo en todo: en las relaciones, en los proyectos, en la manera en que pensamos. Gente que termina una relación porque no siente “el clic” en el primer mes. Emprendedores que cierran negocios porque no venden en cuatro semanas. Amistades que se enfrían porque no cumplen la fantasía inmediata de estar ahí en cada segundo. El amor no cabe en un microondas. La amistad no florece en dos mensajes. El éxito no se cocina en un curso exprés. El costo de esta prisa es altísimo. Ansiedad, frustración, sensación de vacío. Vivimos repitiendo ciclos: empezamos, nos ilusionamos, no vemos resultados al instante, abandonamos. Y esa inercia no solo mata proyectos. Nos va matando a nosotros. ¿Cuántas oportunidades reales has perdido porque no supiste esperar? ¿Cuántas veces has borrado algo que pudo crecer solo porque no se viralizó? ¿Cuántas veces soltaste a alguien porque no cumplió una fantasía inmediata? Yo me hice esas preguntas y dolieron. Pero también me enseñaron. Me enseñaron que sin paciencia no hay nada real. Que la confianza no nace en un clic, que la seguridad no se construye en un día, que la transformación personal no se mide en segundos. Todo lo valioso requiere sostener, repetir, insistir. Y claro, la inmediatez tiene su lugar. Ser rápido a veces salva, es útil. Pero convertirlo en estilo de vida es la receta perfecta para la frustración eterna. Si tu vida está definida por lo que pasa en tres segundos, ¿qué crees que vas a tener? Nada. Solo dopamina momentánea y un vacío más grande cada día. Por eso hoy te hablo así, sin trucos, sin adornos. Porque yo misma perdí demasiado corriendo detrás de lo inmediato. Y si me lees, si llegaste hasta aquí, es porque algo dentro de ti también sabe que necesitas parar, sostener, esperar. Eso lo trabajamos en mis libros, lo practicamos en mis mentorías, lo entrenamos juntos en cada proceso. Porque sí, la paciencia creativa se entrena. Y si no la entrenas, la inmediatez te la roba. La gran pregunta es: ¿vas a seguir huyendo de lo que toma tiempo, o vas a aprender a sostener lo que de verdad importa? La inmediatez te regala segundos de dopamina, pero te roba todo lo real. Y yo no vine aquí a vaciarte. Vine a retarte.

Comparte este artículo:

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete para recibir más contenido como este directamente en tu email

Suscribirme Ahora